Mostrando entradas con la etiqueta Repertorio litúrgico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Repertorio litúrgico. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de octubre de 2015

Señor, ten piedad


El canto del "Señor, ten piedad" forma parte del ordinario de la misa, es decir, de las partes invariables y aunque no se cante –por la razón que sea– debe ser rezado; menos aún ser sustituido por un "canto de perdón" que en nuestra Liturgia no existe. Está ubicado en los ritos introductorios de la Misa; pero desde la reforma del Concilio Vaticano II resulta un poco ambiguo por la proliferación de adaptaciones que han surgido.

Aunque el "Señor, ten piedad" parezca un canto de perdón, no lo es; se trata, más bien, de una aclamación cristológica al Kyrios (Señor, en griego), a quien la Iglesia pide que interceda al Padre por nosotros y nos muestre su grandeza y su misericordia. De ahí que también podamos cantar Kyrie, eleison; Christe, eleison; Kyrie eleison, conservando la aclamación en griego. 

El canto del "Señor, ten piedad" o del Kyrie, eleison responde a la propia dinámica del Acto penitencial de la Misa en la que reconocemos nuestros pecados: "Yo confieso ante Dios todopoderoso..." (1ª fórmula), "Señor, ten misericordia de nosotros..." (2ª fórmula). Posteriormente recibimos el perdón: "Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna"; y, finalmente aclamamos a Cristo Salvador (el Kyrios) cantando el Kyrie, eleison o el "Señor, te piedad" con el convencimiento de que solo su misericordia nos puede salvar. 

A la luz de esta explicación estamos en condiciones de comprender que una cosa es el "Acto penitencial" y otra el "Señor, ten piedad". Sin embargo, en la reforma del Vaticano II se incluyó una 3ª fórmula en el Acto penitencial en la que se introduce el "Señor, ten piedad" dentro del mismo Acto penitencial a través de los tropos, es decir, pequeñas aclamaciones dirigidas a Cristo Salvador, por ejemplo: "Tú, que eres el camino que conduce al Padre. Señor, ten piedad". 

Estas tres fórmulas del Acto penitencial nos dan la clave para saber cuándo debemos cantar el "Señor, ten piedad"; pero como hemos comprobado, no es tanto un canto de perdón sino una aclamación a Cristo Salvador. De ahí que no debamos sustituir el "Acto penitencial" y el "Señor, ten piedad" por cualquier "canto de perdón" que podemos encontrar en nuestros cancioneros, porque con él no reconoceríamos nuestro pecado, ni recibiríamos la breve absolución pronunciada por el sacerdote y no aclamaríamos a Cristo Salvador; es decir, estaríamos desvirtuando nuestra propia fe, porque al fin y al cabo la Liturgia es nuestra fe celebrada de forma pública y en comunión con toda la Iglesia.

Otro aspecto importante, litúrgicamente hablando, es que al suprimir el "Acto penitencial", por la razón que sea, no se debe suprimir también el "Señor, ten piedad". Por ejemplo, el domingo de Ramos entramos en la iglesia en procesión y, una vez en el altar, aunque ya no hagamos acto penitencial sí se deben entonar los Kyries; o cuando incorporamos alguna hora mayor de la Liturgia de las Horas (Laudes o Vísperas) en la Misa, al finalizar la salmodia, antes del Gloria, si lo hay, y de la Oración Colecta deberíamos entonar o recitar los Kyries o "Señor, ten piedad".

Tener esta noción del "Señor, ten piedad" nos hace comprender que se trata de una aclamación a Cristo Salvador, no un llanto por nuestra condición de pecadores; de ahí que, musicalmente hablando, muchos compositores hayan escrito Kyries en modo mayor y con un brillo espléndido que muestra la grandeza de Cristo.
Oscar Valado


sábado, 19 de septiembre de 2015

El canto de entrada


No será una, ni dos, las veces que al comenzar un ensayo con el coro he escuchado: "¿qué lle botamos?"; a lo cual siempre responde alguien lleno de razón: "o de sempre: entrada, ofertorio e comunión". Y, con todo, no van desencaminados, ya que en la misa encontramos cantos invariables ("ordinario" de la misa): Señor ten piedad, Gloria, Credo, Santo y Cordero de Dios; y cantos variables ("propio" del día o del tiempo litúrgico): canto de entrada, salmo responsorial, aleluya, canto de ofertorio y canto de comunión.

Dicho esto, podemos afirmar que con el canto de entrada damos inicio a nuestras celebraciones, intentando crear un ambiente distinto a aquel del cual venimos. Con él se acompaña la procesión del sacerdote y los ministros, fomenta la comunión de quienes se han reunido para celebrar la fe y, sobre todo, nos introduce en el misterio del tiempo litúrgico o de la celebración que estamos comenzando.

A la luz de estas características podríamos analizar como "ejecutamos" –en el mejor de los casos– el canto de entrada en nuestras celebraciones. ¿Para nosotros es lo mismo un domingo que un funeral? ¿Entonces por qué escuchamos en ambas celebraciones uno de los great hit más popularizado: Juntos como hermanos? o el manido "Alrededor de tu mesa" que en ocasiones parece decir "elradiador de tu mesa". Al seleccionar siempre los mismos cantos estamos dando la categoría de "invariable" (ordinario) a lo que por definición es "variable" (propio). De ahí que un canto de entrada debe ponernos en alerta, provocar nuestra atención para que solo con escuchar el estribillo ya sepamos lo que vamos a celebrar. Una razón más para llegar a misa antes de que empiece.

Si nos encontramos en una iglesia a rebosar y el canto de entrada es "Dale el descanso, Señor", identificamos inmediatamente que nos encontramos en una celebración de exequias; si escuchamos el estribillo "Ven, Señor, no tardes en llegar... " comprendemos que ya hemos iniciado el tiempo de Adviento. Si lo que escuchamos es "Adeste fideles" sabemos que es Navidad; o, por el contrario, si se trata de "No deserto somos peregrinos", advertimos que estamos en Cuaresma.

Sin duda, estos ejemplos nos pueden ayudar a seleccionar con un criterio correcto los cantos de entrada; en los cuales debe primar el texto, ya sea de contenido bíblico (o de inspiración bíblica) o que referencie la fiesta o el tiempo litúrgico que celebramos. Criterio del que adolece el 70% de los cantos de entrada que podemos encontrar en la mayoría de los cantorales publicados en gallego y castellano, que proponen "cantos comodín", es decir, que valen para todo.

En definitiva, debemos hacer un esfuerzo por seleccionar el canto de entrada más apropiado para cada ocasión; ya que con este canto da comienzo algo tan importante como la Liturgia de la Iglesia, la celebración de nuestra propia fe.      

Oscar Valado

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...