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martes, 10 de mayo de 2016

Retirada del cirio pascual

El cirio pascual es uno de los signos más importantes de la Pascua. Durante este tiempo litúrgico –que ya llega a su término–  nos ha acompañado llameante junto al ambón de cada una de nuestras iglesias. Sin embargo, al finalizar el tiempo de Pascua este próximo domingo de Pentecostés, la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramento nos recuerda: “El cirio pascual debe encenderse en todas las celebraciones litúrgicas del tiempo de Pascua hasta el domingo de Pentecostés. Después ha de trasladarse al bautisterio y mantenerlo con todo honor, para encender en él el cirio de los nuevos bautizados. En las exequias, el cirio pascual se ha de colocar junto al féretro, para indicar que la muerte del cristiano es su propia Pascua. El cirio pascual, fuera del tiempo pascual, no ha de encenderse ni permanecer en el presbiterio”. (Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 99).

Dicho esto, aunque no exista un "rito para el apagado del cirio pascual", puede ser muy oportuno pastoralmente que en la última misa del día (si no se celebran las II vísperas de Pentecostés) se haga una clara referencia catequético-litúrgica a la conclusión del tiempo pascual y, para ello, después de la bendición, podemos llevar en procesión el cirio pascual al bautisterio, donde permanecerá durante todo el año. Una vez allí se apaga.  

Si en algún lugar no hay bautisterio propiamente dicho debe retirarse el cirio del presbiterio, no sin antes especificar a los fieles que el cirio siempre estará presente y llameante cada vez que se celebre el sacramento del Bautismo o cualquier celebración de Exequias. Al concluir la breve catequesis explicativa se apaga el cirio y se despide a la asamblea como de costumbre.


lunes, 13 de abril de 2015

Vivir la Pascua


¿CÓMO VIVIR EN TIEMPO PASCUAL?

Es esta una oportuna pregunta, toda vez que existen muchos cristianos que no saben como vivir la cincuentena pascual y piensan que es un tiempo litúrgico donde no hay unas vivencias y celebraciones propias de estas fechas.

Después de la intensidad de la Cuaresma con tantas y tan variadas formas de expresión de la fe (ejercicios espirituales, charlas, cursillos, celebraciones penitenciales, vía crucis, etc.) parece que llegados a la Pascua ya no hay nada que hacer. Realmente eso es todo lo contrario a lo que significa y supone la Pascua, que es un tiempo lleno de celebraciones litúrgicas y de ejercicios piadosos. Veámoslo a continuación:

SACRAMENTOS PASCUALES

Algo que se debe valorar y resaltar oportunamente es la celebración en la cincuentena de los sacramentos pascuales por excelencia, es decir, los llamados sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía). Es en Pascua precisamente donde estos sacramentos tienen su lógico acomodo. El Bautismo que es la incorporación al Misterio Pascual de Cristo donde el bautizado recibe la gracia que le hace miembro del Cuerpo Místico de Cristo, renaciendo a una nueva vida. La Confirmación, sacramento del Espíritu Santo donde se recibe la luz y la fuerza para ser testigos de la Resurrección de Señor. La Eucaristía, que fortalece nuestra vivencia cristiana, alimento pascual, plenitud de la vida. No olvidemos que éste es el tiempo propicio para las Primeras Comuniones. Y al lado de estos sacramentos de la iniciación cristiana, también hay que destacar los sacramentos de «sanación», la Penitencia, Sacramento de la alegría pascual (¿quién ha dicho que el Sacramento de la Reconciliación sólo es Sacramento cuaresmal?). Es el Sacramento del encuentro con el Resucitado que perdona y da vida. Y la Unción de los enfermos, propia de la Pascua del Señor que viene a confortarnos en la enfermedad. Celebrar el Sacramento de la Unción en Pascua es costumbre que se extendiendo en muchas comunidades.

EJERCICIOS PIADOSOS

También en la cincuentena pascual tiene cabida ejercicios piadosos que fomentan la devoción de los fieles. Citemos algunos: Durante el tiempo pascual tiene lugar la bendición anual de las familias visitadas en sus casas, costumbre muy arraigada y recomendada. El vía lucis, ejercicio de piedad consistente en recorrer las diversas apariciones de Jesús Resucitado, desde la Resurrección a la Ascensión. La novena de Pentecostés, la primera y principal de las novenas. Así como los Apóstoles permanecieron unidos en la plegaria junto con María, la madre de Jesús en la espera del Espíritu Santo, es muy recomendable que entre la Ascensión y Pentecostés la comunidad cristiana se preparé a la efusión del Espíritu, celebración que concluye todo el Tiempo Pascual.

Vivamos, pues, la PASCUA con la alegría de la Resurrección, identificados con el Misterio de Cristo Resucitado.

José María Fuciños
Delegado Diocesano de Liturgia





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