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jueves, 11 de abril de 2019

Viernes de Dolores - Stabat Mater

HOY celebraremos - según el Calendario Litúrgico - el "viernes de la V semana de Cuaresma", sin embargo, en muchísimas partes, sobre todo en España y en algunos países de Latinoamérica ha permanecido muy arraigada la tradición del "Viernes de dolores", es decir, el viernes previo al Domingo de Ramos que después de la reforma del Año Litúrgico en el Concilio Vaticano II no se contempla. Ya que la memoria propia de la Virgen de los dolores es el 15 de septiembre, un día después de la fiesta litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz.

Aún así, serán muchos los lugares de la geografía española donde resonará el Stabat Mater, así que haré un mínima alusión a esta "secuencia" conservada en la liturgia romana. El Graduale Romanum ha conservado una serie de "secuencias" (textos de carácter lírico y de gran tradición que se han introducido en la liturgia de la palabra destacar de algún modo la importacia del día que se celebra); cuatro son las que utilizamosa lo largo del año litúrgico y que deben ser cantadas –o en su defecto leídas– antes del Evangelio: Corpus Christi (Lauda, Sion), Pentecostés (Veni, Sancte Spiritus), Domingo de resurrección (Victimae paschali laudes) y Virgen de los dolores (Stabat Mater). 

El Stabat Mater es un poema del siglo XIII. Las palabras por las que comienza, como todo los himnos, cánticos, salmos... son las que le dan el nombre: Stabat Mater dolorosa (Estaba la Madre llena de dolor). Si alguien está interesado en en ver el texto completo y su traducción puede hacer clik AQUÍ. Es un poema de veinte estrofas en las que se describe el profundo sufrimiento de la Virgen María en el momento de la crucifixión y muerte de su hijo, Jesucristo. En una segunda parte se le invoca como intercesora.

La tradición gregoriana conserva varios modelos sobre el mismo texto, el más famoso quizás sea el que se utiliza como himno de vísperas el 15 de septiembre, sin embargo... yo me centraré en el que propone el Graduale Romanum para la celebración de la Misa.


A lo largo de la historia se ha convertido en un texto que para grandes compositores ha servido como fuente de inspiración: Palestrina, Scarlatti, Vivaldi, Liszt, Dvorák, Poulenc, Rheinberger, Pärt... y muchos más... de entre los que cabe destacar, por ser los más difundidos, el de Rossini y Pergolesi. De este último he seleccionado un vídeo del "Amén" final de la obra; estoy convencido de que no es la mejor interpretación que se puede encontrar... pero lo he incluido porque lo canta un grupo de niñas y adolescentes, un claro ejemplo de que la educación musical desde la infancia nos puede alejar de tópicos bastante alejados de la realidad.


Mucho ánimo y feliz "recta final" de este tiempo de Cuaresma.

Oscar Valado

lunes, 5 de diciembre de 2016

Akathistos

Yo no soy un experto en liturgias orientales, para estas cuestiones más doctas recomiendo leer a Salvador Aguilera, un estudioso y amante de la Divina Liturgia y uno de los administradores del blog amigo Lex orandi; pero en esta entrada, cercano ya a la fiesta de la Inmaculada Concepción traigo uno de los más famosos himnos que la Iglesia ha Oriental dedicado a la Madre de Dios, el Akáthistos.

Es el himno litúrgico por antonomasia del siglo V que ha quedado como modelo de muchas composiciones himnográficas y titánicas, tanto antiguas como en la actualidad. Akáthistos no es el titulo originario, sino una rúbrica: "de pie, no-sentado", con la que se indicaba que había que cantarlo de pie, como se escucha el evangelio, como signo de reverente obsequio a la Madre de Dios. 


La estructura métrica y silábica se inspira en la Jerusalén celeste descrita en el capítulo 21 del Apocalipsis. Consta de 24 estrofas, con dos partes distintas: la cristológica y la eclesial; y como dos planos superpuestos: el plano de la historia y el de la fe. 

La primera parte, contiene doce "estrofas" y sigue el ciclo de la Navidad inspirado en el evangelio de la infancia (Lc 1–2; Mt 1–2). Misterio de la Encarnación (1–4), la efusión de la gracia en Isabel y Juan (5), la revelación a José (6), la adoración de los pastores (7), llegada y adoración de los magos (8–10), la huida a Egipto (11), el encuentro con Simeón (12). Misterios que superan el mero dato histórico y nos abren a una lectura simbólica y teológica. 

La segunda parte (estrofas 13–24) propone y canta lo que la Iglesia, en los concilios de Éfeso y Calcedonia, profesaba de María, en el misterio del Hijo Salvador y de la Iglesia de los salvados. María es la nueva Eva, virgen de cuerpo y espíritu, que con el fruto de su vientre reconduce a los mortales al paraíso que habían perdido (13); es la Madre de Dios que, siendo trono y sede del Infinito, abre las puertas del cielo e introduce allí a los hombres (15); es la Virgen encinta que reclama la mente humana a inclinarse ante un parto divino y a dejarse iluminar por la fe (17); es la "Siempre-virgen", inicio de la virginidad de la Iglesia consagrada a Cristo, su perenne custodia y amorosa tutela (19); es la Madre de los sacramentos-pascuales que purifican y divinizan al hombre y le nutren con el alimento celestial (21); es el Arca Santa y el Templo viviente de Dios, que precede y protege el peregrinar de la Iglesia y de los fieles hacia la Pascua definitiva (23); es la Abogada de la misericordia en el último día (24). 

El Akáthistos conserva un inmenso valor: 
  • por su contenido histórico salvífico, que abraza todo el proyecto de Dios, involucrando (envolviendo) a toda la creación, desde sus orígenes hasta el final de los tiempos, llegando a su plenitud en Cristo; 
  • por las fuentes que usa: la Palabra de Dios; la doctrina definida en los concilios (Nicea, 325; Éfeso, 431; Calcedonia, 451); Padres orientales de los siglos IV y V; 
  • por la metodología mistagógica, con la que, desde las imágenes de la creación y de la Escritura, eleva al hombre a la contemplación y celebración del misterio de la encarnación como misterio salvífico, en el que coloca a María como lugar teológico, de encuentro y de manifestación de Dios. 
En cuanto al autor, toda la tradición manuscrita nos lo deja en el anonimato. Hoy en día, la crítica científica se inclina por atribuir la composición del himno a uno de los Padres de Calcedonia. Así, el texto litúrgico que hoy recitamos y cantamos sería el fruto maduro de la más antigua Iglesia, todavía indivisa, en los orígenes de nuestra fe. Un himno, por tanto, digno de ser acogido y cantado por toda la Iglesia y la comunidad eclesial. 

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