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lunes, 11 de marzo de 2019

Una nueva Cuaresma

La celebración de la Pascua en los tres primeros siglos no tenía un periodo de preparación. Se limitaba al ayuno en los dos o tres días precedentes. En Occidente tenemos los primeros testimonios directos de la existencia de la Cuaresma en el siglo IV: Egeria habla de ella para Jerusalén e, indirectamente, para Hispania; san Agustín para África; san Ambrosio para Milán. Para Roma, el historiador Sócrates atestigua por primera vez, probablemente para el siglo IV, un tiempo de preparación de la Pascua de tres semanas de ayuno, excepto sábados y domingos. Pero se trata de un estadio que podemos llamar todavía precuaresmal. A finales del mismo siglo IV, tenemos testimonios de una preparación a la Pascua de seis semanas. Es la Cuaresma de la época de san León (+461). Al desarrollo de la Cuaresma contribuyeron la disciplina para la reconciliación de los penitentes que tenía lugar el jueves santo por la mañana, cuarenta días después del inicio de su preparación, y la institución del catecumenado con la preparación inmediata de los “iluminados” al bautismo, celebrado en la vigilia pascual. Estas seis semanas experimentaron progresivamente modificaciones. En efecto, las primeras fuentes romanas muestran un estadio todavía más reciente de la Cuaresma, en el que el tiempo de preparación empieza con el miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma (nuestro “miércoles de ceniza”). Posteriormente se añadieron otros domingos de preparación a la Cuaresma, quincuagésima, sexagésima, septuagésima. 

Después del Concilio Vaticano II, la Cuaresma se reformó según los criterios de la Sacrosanctum Concilium, que indicó claramente su sentido fundamental: “el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la palabra de Dios y a la oración, para que celebran el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia” (n. 109). 

La Cuaresma actual, como todos sabemos, inicia con el miércoles de ceniza y finaliza con la misa en la Cena del Señor exclusive. Es importante recordar que se inaugura el “miércoles” no el primer domingo, ya que ningún domingo del año tiene carácter penitencial, ni si quiera en Cuaresma. De ahí que entre los 40 días de la Cuaresma no se cuentan los domingos. Esgrimir razones pastorales no es razón para alterar el sentido litúrgico, teológico y pastoral de este rito centenario, el cual carece de sentido si no es para inaugurar este tiempo penitencial.

Además de la riqueza de los textos eucológicos, en los formularios cuaresmales tenemos una copiosa serie de textos bíblicos. La celebración litúrgica, incluso en lo que se refiere al desarrollo temático, pone el acento principal en el domingo. En los cinco domingos anteriores a al domingo de Ramos, el leccionario dominical ofrece la posibilidad de tres itinerarios diversos y al mismo tiempo complementarios: un itinerario bautismal (ciclo A); un itinerario cristocéntrico-pascual (ciclo B); un itinerario penitencial (ciclo C). Todos los domingos están organizados temáticamente. El pivote es la lectura evangélica. 

En este año (ciclo C) los domingos constituyen el paradigma de una grande y profunda catequesis sobre la reconciliación. También dicho tema encuentra su vértice en la celebración de la Pascua, signo supremo de nuestra reconciliación con el Padre. Bautismo y penitencia aparecen así como las dos constantes en las que se basa todo el camino cuaresmal en orden a la plena reconciliación del hombre con Dios. Los evangelios de los dos primeros domingos repiten los temas de la tentación del desierto y la transfiguración con las características del evangelio de Lucas (4,1-13;9,17-36). Para los tres domingos siguientes se utilizan fragmentos que se refieren a la conversión: la parábola de la higuera estéril (Lc 13,1-9); la parábola del hijo pródigo (Lc 15,1-3.11-32); la adúltera perdonada. 

El significado y el contenido de la Cuaresma es expuesto de modo sintético y preciso en el prefacio primero de Cuaresma: “Por él concedes a tus hijos anhelar, año tras año, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que, dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno, por la celebración de los misterios que nos dieron nuestra vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios”. 

La colecta del primer domingo habla de la celebración cuaresmal como de un sacramentum. Si la Cuaresma es un “sacramento”, es decir, un “signo sagrado”, ello significa que todo cuanto forma parte de la institución cuaresmal –gestos y palabras– es una realidad unitaria y significativa. La Cuaresma en su conjunto de palabra que anuncia los acontecimientos de la salvación, oraciones, ritos y prácticas ascéticas, es un gran signo sacramental, mediante el cual la Iglesia participa en el misterio de Cristo que por nosotros realiza la experiencia del desierto, ayuna, sale victorioso de la tentación, escogiendo el camino del siervo humilde y sufriente hasta la cruz. 


Cf. Matias Augé, Liturgia. Historia, celebración, teología, espiritualidad, CPL, Barcelona 2015.


sábado, 1 de diciembre de 2018

Calendario Litúrgico Pastoral 2018-2019


Este Calendario Litúrgico Pastoral ha sido elaborado por el Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española de acuerdo con el Calendarium Romanum, las Normas Universales sobre el Año litúrgico y sobre el Calendario, y el Calendario Propio de España.

INTRODUCCIÓN
— Presentación
— El Año Litúrgico y el Calendario
— Libros que se utilizan durante este año
— Tabla de los días litúrgicos
— Misas rituales, por diversas necesidades y votivas
— Misas de difuntos
— Calendario de Jornadas y Colectas en España
— Días de penitencia
— Signos, siglas y abreviaturas utilizados
— Celebraciones movibles año 2018-2019
— Fiestas de precepto en España

CALENDARIO 2018-2019
— Tiempo de Adviento 2018
— Tiempo de Navidad
— Tiempo ordinario (1.ª parte)
— Tiempo de Cuaresma
— Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales
— Semana Santa y Triduo Pascual
— Tiempo pascual
— Tiempo ordinario (2.ª parte)

CALENDARIO 2019-2020
— Tiempo de Adviento 2019
— Tiempo de Navidad

APÉNDICE
— Anuncio del Nacimiento del Señor
— Anuncio de las celebraciones movibles


jueves, 5 de abril de 2018

EL TIEMPO DE PASCUA


“Cuánto he deseado celebrar esta pascua con vosotros”  (Lc 22,15) 

1. Origen y significado. 

La Pascua tiene un origen antiquísimo; el término proviene del latín "páscae", que a su vez proviene del griego "πάσχα" (pasja), una adaptación del hebreo "פסח" (pésaj), que significa "paso" o “salto”. Inicialmente era una fiesta de pastores nómadas que, al comienzo de la primavera, ofrecían en sacrificio los primeros corderos del rebaño para pedir la protección divina; a esta fiesta, más adelante, se unió la fiesta agrícola del inicio de la siega; después, a raíz de la liberación de Egipto, la fiesta tomó un nuevo sentido, el de conmemorar la liberación de la esclavitud que Dios había realizado por Moisés. El cordero que ofrecían los pastores se convirtió en el recuerdo de aquella noche en la que el ángel pasó de largo de las casas marcadas con su sangre, la noche que fue el inicio de la marcha hacia la libertad. Y el nombre de "Pascua" pasó a relacionarse con este "paso" salvador. 

La Pascua será, desde entonces, la fiesta central del pueblo de Israel. Y será en los días de esta fiesta cuando Jesús es detenido y ajusticiado. Su resurrección, entonces, será entendida por sus discípulos como la nueva Pascua, la definitiva: aquella liberación que Israel había experimentado por obra de Dios, se convertirá –a partir de ahora– en liberación para siempre y para todos. De este modo, la Pascua vincula el Antiguo y el Nuevo Testamento; manifiesta la victoria ganada en la Cruz por Jesús sobre el demonio; los hombres estábamos bajo la esclavitud del pecado pero en Cristo tenemos vida nueva. 

Hay una continuidad entre la Pascua judía y la cristiana: Cristo, es inmolado el mismo día de la pascua judía, en que se inmolaban los corderos en el templo. Jesús es el Cordero Pascual que nos libera del pecado. Por eso nuestra pascua, como la judía, recuerda la liberación de Egipto, el paso por el Mar Rojo, el cordero pascual, etc., pero con un significado pleno, entre la continuidad y la novedad. Por la resurrección de Jesucristo, toda la humanidad está llamada a la vida definitiva. Es la "Pascua florida", la vida nueva que florece y vence a la muerte. La Iglesia de Roma comenzó a celebrar la Pascua el primer domingo después de la primera luna llena del equinoccio de primavera. Este domingo siempre cae entre el 22 de marzo y el 25 de abril; y el primer Concilio de Nicea (325) decretó que la práctica romana para determinar el domingo de Pascua debía observarse en toda la Iglesia; y en función al domingo de Pascua se calculan todas las fiestas movibles del calendario. 

2. Características y peculiaridades de este tiempo. 

La Pascua se prolonga durante 50 días, es decir, desde la noche de la Vigilia Pascual hasta el domingo de Pentecostés. Componen este tiempo 8 domingos: El domingo de Resurrección con su octava, 5 domingos de Pascua, la Ascensión y Pentecostés. 

Durante este tiempo, se harán presentes en nuestras celebraciones diferentes elementos y símbolos que nos ayudan a comprender mejor el misterio que celebramos y nos ayudan a tomar conciencia de que estamos en Pascua: 

El cirio pascual. En la celebración de la vigilia pascual, en la oscuridad de la noche, tras bendecir el fuego, se enciende un gran cirio que representa a Cristo resucitado, luz que vence a las sombras. El ambón simboliza el sepulcro vacía, por ello, durante toda la pascua, el cirio permanece llameante junto a él, es la presencia de Jesús resucitado en la comunidad. 

El Aleluya. Es el canto más significativo de la Pascua. Es una palabra hebrea que quiere decir "alabemos a Dios". Bendecimos su nombre por el misterio que ha obrado en nosotros a través de su resurrección. Con el aleluya aclamamos al Cordero, tal y como encontramos en el Apocalipsis: "¡Aleluya! La salvación, la gloria y el poder son de nuestros Dios" (Ap 19, 1). 

El agua. La noche de Pascua se bendice el agua con la que se bautizará –si los hay– a los catecúmenos. También seremos aspergidos con el agua que renueva nuestro propio bautismo; rito que se puede realizar todos los domingos de Pascua en sustitución del rito penitencial. 

La ornamentación de la iglesia. Otros signo visible e importante de este tiempo debe ser el cuidado de la ornamentación: las flores, la luz, todo lo que pueda crear un clima festivo, porque estamos en el tiempo más importante del año. 

3. Canto y música en la Pascua 

Como en los demás tiempos litúrgicos, debemos elegir un repertorio apropiado que podremos repetir durante los 50 días que dura la Pascua. Eso sí, la vigilia pascual y el domingo de Pascua debe ser la celebración más solemne del año, con todo lo que eso significa. 

- Durante este tiempo es conveniente hacer la aspersión mientras se canta: "Vidi aquam" u otro canto de carácter bautismal como por ejemplo: "Un solo Señor". 

- Se vuelve a entonar el himno del Gloria. 

- La antífona del salmo responsorial puede sustituirse a diario por "Aleluya, aleluya". 

- El domingo de pascua, después de la segunda lectura se debe cantar la secuencia: "Victime paschalis laudes" – Ofrezcan los cristianos / ofrendas de alabanza / a gloria de la Víctima / propicia de la Pascua... 

- El aleluya también vuelve a resonar en la iglesia como la aclamación más importante antes de proclamar el Evangelio desde el ambón iluminado por el cirio. 

- Desde la vigilia Pascual hasta el II Domingo de Pascua se despide a la asamblea con el doble aleluya, preferiblemente cantado: “Podéis ir en paz, aleluya, aleluya”. 

- Al repertorio tradicional como O filii et filie, se pueden sumar otras propuestas en castellano o en gallego que han de guardar la correspondiente coherencia con el tiempo pascual. 

- La antífona mariana por excelencia durante este tiempo es el Regina Caeli – Reina del cielo 

- En Pentecostés, último domingo de Pascua, debe hacerse especial hincapié en las peculiaridades de esa solemnidad, por ejemplo: la secuencia Veni, Sancte Spiritus, o el Veni Creator; también en sus traducciones. 

viernes, 29 de diciembre de 2017

Calendario Litúrgico 2017-2018

Este Calendario Litúrgico Pastoral ha sido elaborado por el Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española de acuerdo con el Calendarium Romanum, las Normas Universales sobre el Año litúrgico y sobre el Calendario, y el Calendario Propio de España.

INTRODUCCIÓN
— Presentación
— El Año Litúrgico y el Calendario
— Libros que se utilizan durante este año
— Tabla de los días litúrgicos
— Misas rituales, por diversas necesidades y votivas
— Misas de difuntos
— Calendario de Jornadas y Colectas en España
— Días de penitencia
— Signos, siglas y abreviaturas utilizados
— Celebraciones movibles año 2017-2018
— Fiestas de precepto en España

CALENDARIO 2017-2018
— Tiempo de Adviento 2017
— Tiempo de Navidad
— Tiempo ordinario (1.ª parte)
— Tiempo de Cuaresma
— Carta circular de la Congregación para el Culto Divino, sobre la celebración de la pascua
— Semana Santa y Triduo Pascual
— Tiempo pascual
— Tiempo ordinario (2.ª parte)

CALENDARIO 2018-2019
— Tiempo de Adviento 2018
— Tiempo de Navidad

APÉNDICE
— Anuncio del Nacimiento del Señor
— Anuncio de las celebraciones movibles

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martes, 22 de marzo de 2016

El Santo Triduo Pascual


 Cuánto he deseado celebrar esta pascua con vosotros (Lc 22,15)



1. JUEVES SANTO


El Jueves Santo es el pórtico del Triduo Pascual. Por la mañana se celebra la Misa Crismal, aunque en nuestra diócesis se traslada al martes santo por motivos pastorales. Por la tarde, tal y como se indica en el Misal Romano, da comienzo el Triduo Pascual, reuniéndonos para recordar y celebrar la última cena de Jesús con sus discípulos. Su último encuentro con ellos antes de la pasión. Un encuentro que quiere resumir el sentido de todo lo que está a punto de ocurrir: su entrega hasta la muerte; y en el que recordamos: 1) la institución de la Eucaristía; 2) el Sacramento del orden; 3) el mandato del Señor sobre la Caridad fraterna.

El Jueves Santo debemos comenzar nuestra celebración con el sagrario vacío y con un canto de entrada apropiado al misterio que celebramos, donde se ponga de relieve la entrega de Jesús hasta la muerte. Este día se canta el Gloria y, mientras, se pueden tañer las campanas, que no volverán a sonar hasta la Solemne Vigilia Pascual. Existe una antigua tradición que después del Gloria el organista cerraba la consola del órgano y este no volvía a sonar hasta el Gloria de la Vigilia Pascual.

En la liturgia de la Palabra se nos hará revivir los acontecimientos del cenáculo: la 1ª lectura (Éxodo) versa sobre la pascua judía; el salmo responsorial (Sal 115): "El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo"; La 2ª lectura (Corintios) sobre la institución de la Eucaristía; y el Evangelio (Juan) nos narra el pasaje del lavatorio de los pies a los discípulos. Después de la homilía, en consonancia con el texto evangélico proclamado se puede realizar el "lavatorio de los pies" mientras se canta una antífona adecuada: "Os doy un mandato nuevo". Este gesto simboliza la llamada de Jesús a poner la vida al servicio de los demás. Prosigue la liturgia eucarística, y es el único caso en el que el Misal Romano conserva la antífona de ofertorio: "Ubi caritas" (Donde hay caridad y amor). 

La misa sigue como de costumbre, pero con el conocimiento de que conmemoramos el aniversario de la institución de la Eucaristía: "haced esto en conmemoración mía". A continuación de la oración de poscomunión, se inciensa el Santísimo que permanece sobre el altar y, seguidamente, se traslada al lugar de la reserva cantando el "Pange lingua" (Que la lengua humana); una vez allí se vuelve a incensar mientras se canta el "Tamtum ergo" (Adorad postrados). El sacerdote se retira en silencio. 

La hora santa. En esta noche la Iglesia anima a los fieles a acompañar al Señor en oración. Jesús fue con sus discípulos al huerto de Getsemaní para orar, esperando la hora que viniesen a prenderlo. En ese momento de agonía pronunció estas palabras: "Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". En este momento trágico sus discípulos se quedaron dormidos... hoy, nosotros, discípulos de Cristo, tenemos la ocasión de acompañar al Señor durante la tradicional Hora santa. ¡Permanezcamos junto a Él!

2. VIERNES SANTO

El día de Viernes Santo no se celebra la Eucaristía, todo gira entorno a la Palabra y a la adoración de la Cruz. El mismo silencio con el que nos despedíamos la liturgia del Jueves Santo lo encontramos al inicio de la celebración de la Pasión del Señor, momento en el que todos nos arrodillamos mientras el sacerdote se postra en el suelo frente a un altar completamente desnudo. 

En la Liturgia de la Palabra escucharemos una profecía de Isaías (1ª lectura) sobre el Siervo de Dios que se rebaja hasta la muerte. Responderemos con el Salmo 30: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". En la 2ª lectura (Hebreos) se nos presenta a Cristo como autor de salvación eterna. El Evangelio es el relato de la Pasión según san Juan. Después de la homilía se hace la "Oración universal": ante la muerte de Cristo elevamos nuestra oración solemne a Dios Padre. Se trata de diez peticiones seguidas, cada una de ellas, de una oración.

Una segunda parte de la celebración se centra en la adoración de la santa Cruz. El misal propone dos formas de realizarla, pero en ambas la cruz debe estar descubierta y poco a poco se desnuda mientras se canta tres veces: "Mirad el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo", a lo cual se responde: "Venid a adorarlo". En el momento de la adoración el misal propone la antífona "Tu cruz adoramos", los "Improperios" y el himno "Oh cruz fiel..".

Por último, se pone un mantel sobre el altar desnudo y el sacerdote traslada el Santísimo Sacramento desde el lugar de la reserva hasta el altar en silencio y da comienzo el rito de la comunión con el rezo del Padre nuestro y, omitiendo el rito de la paz, se distribuye el cuerpo de Cristo. En el día de Viernes Santo no hay bendición pero sí una oración sobre el pueblo. La celebración finaliza en silencio y se desnuda nuevamente el altar dejando solamente la Cruz.

3. SÁBADO SANTO

Durante este día la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, y se abstiene del sacrificio de la Misa, quedando por ello el altar desnudo hasta la celebración de la Pascua. 





4. DOMINGO DE PASCUA 

Vigilia pascual. Es la noche de la gran fiesta del año y debe notarse en todo: no puede haber más flores en una boda que en esta noche, no podemos cantar más en unas comuniones que en esta vigilia, no puede haber más incienso en un funeral que en el día en el que se da sentido a nuestra fe. En esta noche santa encendemos el fuego que rompe la oscuridad y da paso a la luz de Jesucristo que nosotros seguimos y tomamos luz de su luz. Escuchamos el pregón pascual que anuncia la Pascua. A continuación, serenamente, se escucha la palabra de Dios, que en este día hace un recorrido por la historia de salvación. Entre las lecturas del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento se entona el gloria mientras se tañen las campanas, se ilumina la iglesia y se encienden las velas del altar; como si la luz irrumpiese definitivamente en la oscuridad de la noche, porque Cristo ha irrumpido así en la historia y el Gloria nos recuerda ese misterio de la encarnación. Después de este momento se proclama la epístola de san Pablo y, a continuación, se entona el esperado Aleluya pascual antes de proclamar el Evangelio: "No está aquí, ha resucitado". El ambón, esta noche más que nunca, simboliza el sepulcro vacío, por eso, junto a él debe llamear con viveza el cirio pascual, porque es Cristo resucitado. Prosigue una breve homilía.

El siguiente rito es la liturgia bautismal en la que se invoca a los santos con las letanías, se bendice el agua y se renuevan las promesas bautismales en lugar del Credo. En esta noche, la oración de los fieles deben hacerla los recién bautizados (si son adultos).

A partir de aquí el sacerdote se dirige al altar y comienza la liturgia eucarística en la forma habitual; sin embargo, en el día de hoy esta eucaristía tiene para nosotros un valor y una riqueza añadida, porque es la que da sentido a todas nuestras celebraciones dominicales. Al final, se despide a la asamblea con el doble aleluya: "Podéis ir en paz, aleluya, aleluya", al cual la asamblea responde: "Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya".

Domingo de resurrección. Aunque la gran fiesta es la vigilia, y en ella encontramos la riqueza de los símbolos pascuales, el domingo de Pascua es la continuación de la fiesta de la resurrección y se prolongará cincuenta días. Aunque no podemos olvidar que esta fiesta continúa cada domingo: "Acuérdate de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal".

Oscar Valado

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